20080731

Problemas de alcoba

Por Gabriel Boragina ©

Sorprende el análisis político de la situación argentina (incluso el de algunos articulistas serios que suelen tener un buen enfoque en otras oportunidades) cuando de hablar de la crisis de poder en la Argentina se trata, en especial referencia a la presidencia compartida del matrimonio Kirchner. Como es medianamente sabido, se presenta en este país la atípica situación inconstitucional de tener, por un lado un presidente formal y –por el lado opuesto- otro presidente informal. Formal e informal es -técnicamente- mas preciso que hablar de un presidente de jure y otro de facto, porque -en rigor- ambos presidentes (marido y mujer) ejercen sus cargos de facto, en el sentido jurídico (no político) de <contrario a Derecho>, ya que uno y otro -desde su acceso al poder- no han hecho sistemáticamente ninguna otra cosa que violar cuanta disposición de la Constitución de la Nación Argentina tuvieron a su alcance.

Pero lo cierto es que, para no complicar demasiado estas líneas, utilizaremos ambos términos en forma indistinta (de jure y formal) teniendo en cuenta el lector la aclaración del párrafo precedente. Y así, en Argentina la mujer desempeña el poder formal y el esposo el poder informal, ambos -como queda aclarado- de facto (contrario a Derecho).

Ahora bien. Muchos de los más prudentes analistas políticos especulaban (y siguen aun especulando) que, habiendo “pasado” la crisis del campo a raíz del fracaso en imponer retenciones a las ventas, "seguramente" la presidente formal haría "cambios", tanto en su estilo de gobierno (autoritario, pedante, arrogante, soberbio, conflictivo, frívolo, etc.) como independizándose de la influencia de su esposo, que -en los hechos- es el real presidente (la palabra "real" aquí sirve para denotar todos sus sentidos posibles, tanto el de real de realidad, como el de real de realeza, ya que ejerce el poder como un auténtico monarca del siglo XVII). Como nada de eso ha ocurrido, tales politicólogos se llaman "a sorpresa".

Como mis asiduos lectores recordarán, desde el mismo momento en que se anunció la candidatura de la mujer de K a la presidencia, adelanté -en varias publicaciones- la situación actual, entre tanto, el universo de articulistas y consultores políticos –con las poquísimas y honrosas excepciones de siempre- discurrían sobre los "cambios" posibles que implicaría la rotación de la mujer por el marido en el poder ejecutivo. Hoy, aquellos mismos periodistas políticos, han venido a "descubrir" que no hubo "cambio" alguno, tal como anticipé en aquel entonces, cuando la "señora" era candidata. Y no es que porque me encuentre dotado de "facultades" premonitorias, adivinatorias ni clarividentes. Nada de eso. Auguré que no habría cambios en el poder real, porque era una cosa que me parecía tan obvia y de tanta lógica como me parece hoy, donde los hechos -desgraciadamente- me han dado la razón.

Volviendo al presente, creo que hoy resulta tan innegable como ayer que la mujer de K no puede independizarse, ni alejarse, ni prescindir, ni ignorar -de ningún modo- a su esposo, el presidente de facto y en ejercicio del poder político real; y ello por cuanto, o no sabe cómo, o no puede, o no quiere hacerlo, o las tres cosas juntas, esto último lo más probable.

Por cierto que, esta situación no tiene nada de novedosa en la historia del país. Otro tanto ocurrió en la década del 70 en la entonces presidencia de Maria Estela Martínez de Perón (alias "Isabel"), cuyas "capacidades" políticas y de gobierno eran aun menores a la de la actual mujer de Kirchner. En aquel momento -operativamente- quien obraba como presidente de facto era José López Rega, que había ocupado varios cargos durante el anterior gobierno de J. Perón, y la resultante de aquel poder en las sombras fue el movimiento militar de 1976.

No es difícil trazar un perfecto paralelo entre los cuatro personajes (Isabel = Cristina + López Rega = Kirchner) claro que las circunstancias históricas eran ayer -y son hoy- completamente diferentes. Se puede decir que las incapacidades, torpezas e ineptitudes de los cuatro son casi perfectamente iguales, pero de haber tenido que gobernar los actuales, en aquella tumultuosa y violenta década, es fácil adivinar que no hubieran durado apenas ni una semana (o aun menos que eso).

Regresando una vez mas al hoy, es vano esperar cambios políticos en la señora K, porque, repitamos, no quiere, no puede o no sabe hacerlos, y sospecho que ella es perfectamente consciente de ello, lo que no resulta comprensible es que este último dato se les escape a muchos de aquellos que hacen del periodismo político su profesión, porque, insisto, el análisis atento de los hechos políticos-económicos del país y la conducta de los dos personajes que detentan el máximo poder de la nación, no admiten –a mi modo de ver- otra lectura.

Lo contrario significa caer en un optimismo ingenuo y -en cierto grado- hasta pueril; ya que implica negar lo evidente, que el ciclo de poder de los Kirchner está agotado, producto de sus propias incapacidades y –ya podemos decirlo por notorio- maldades. Entre sus ineptitudes, la lista es demasiado larga, pero resaltan como indudables estas: completa incompetencia en el manejo de las finanzas de la nación, que es –a su vez- el resultado de su visión del gobierno, a saber: un simple medio para satisfacer sus propios fines personales de enriquecimiento ilimitado. Es mas que evidente que su percepción "política" se redujo y se reduce exclusivamente a esto.

La pareja no pudo ni puede actuar en forma mutuamente independiente (como gustan fantasear muchas personas), porque se necesitan recíprocamente; ella por razones obvias necesita de él, conforme ya lo hemos explicado muchas veces; la mujer K sola no podría hacer ni decidir absolutamente nada en el minuto siguiente, excepto su maquillaje y vestuario. Y él necesita de ella, porque nadie fuera de ella se prestaría tan bien a someterse a sus delirantes caprichos y manías de minuto a minuto y de segundo a segundo, que -justo es decirlo- también son compartidas por su consorte, mas aun, si es cierta la bipolaridad que se le atribuye, tema en el que no incursionaré.

Por otra parte, si ella comenzara a aparecer en público sin él ¿alguien medianamente adulto podría llegar a creer que eso sería una "señal" de "independencia política" o de "criterio"? ¿Se olvida acaso que se trata de un matrimonio que comparte (además de toda una vida) un lecho noche a noche?. Sin embargo, son incontables los que creen en lo primero y olvidan lo segundo.

Mucho tiene que ver todo esto con la ficción que padecen los argentinos de confundir el "creer" con el "desear"; así, una buena parte de este pueblo cree que "vive en democracia" cuando -en realidad- su creer es meramente un desear, un desear que -como muchos deseos- nunca se plasmaron en una auténtica realidad.

El matrimonio imperante no tiene la capacidad ni la voluntad de cumplir, ni con las leyes ni con la Constitución, ni ellos juntos ni por separado. Y estoy convencido que ya fueron muchos años de prueba en tal sentido. Sería una buena noticia que la sociedad argentina tomara conciencia y debida nota de ello y actuara en consecuencia en defensa de la Constitución y de las Instituciones.

Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros : La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo.

Visite: http://ceefip.com/libros.htm

20080728

El manotazo del ahogado

Por Gabriel Boragina ©

Tras las derrotas que significaron las masivas movilizaciones y cacerolazos desatados contra el gobierno de la dinastía Kirchner y que culminaron con el rechazo por parte del poder legislativo de la inconstitucional resolución que decretaba un nuevo impuestazo contra gran parte de la ciudadanía representada por el sector agropecuario, pese a quedar en evidencia el repudio de la sociedad al proyecto hegemónico de dominación del matrimonio real, los K siguen al frente del gobierno, con la misma impavidez que los ha caracterizado siempre y como si nada -en rigor- hubiese sucedido.

Lejos de renunciar a la presidencia de la nación, tanto a la de facto -ejercida por el marido- como la de jure -en la que funge la mujer-, la pareja "imperial" persiste en ignorar los hechos resistiéndose a abandonar de una vez y para siempre, la burbuja de cristal en la que viven y en la que parecen sentirse tan cómodos.

Como toda "novedad" se han limitado a un inoperante cambio de ministro en el área de interior, ministro que en realidad nunca ejerció como tal, sino que su función se limitó a ser vocero –principalmente- del matrimonio presidencial y en segundo término, "interprete" de las directivas provenientes de los cónyuges gobernantes.

Tal como había ocurrido antes en el ministerio de economía, se reemplaza a un funcionario por otro cuyas características más salientes de este último, son su notoria incompetencia para el cargo y su manifiesta inexperiencia (tanto política como de vida). El nombramiento no es causal, el equipo gobernante -en la crisis más severa que le ha tocado enfrentar- necesita de "colaboradores" dóciles y sumisos, y rodearse de gente inexperta e inmadura es -en alguna manera- una garantía de poder manipularla a su antojo, metodología que el matrimonio gobernante no se ha privado de ejecutar recurrentemente, aun cuando el resto de los colaboradores no sean -precisamente- ni incompetentes ni inexpertos. Esta necesidad se torna más acuciante todavía, cuando la pareja real patagónica sufre del síndrome de la "traición".

Lo cierto es que, a los fines políticos el cambio en el ministerio del interior es intrascendente y no servirá para disimular la pérdida de poder que la pareja imperial ha sufrido, producto de sus continuos embates de autoritarismo, soberbia y pedantería, los cuales –finalmente- cual boomerang, repercutió y sigue repercutiendo sobre sus propias cabezas.

Defensores como son de métodos de combate propios de la guerrilla que tanto admiran y defienden en el discurso, el matrimonio Kirchner transmite un aviso claro y concreto: que no dejarán el gobierno "por las buenas", que si bien se lo mira, es el mismo aviso que con sus actos de tenor bastante más agudo, proporciona diariamente el tirano venezolano Chávez a sus compatriotas y al mundo entero.

Pero lo cierto es que, el poder real de los K se ha esfumado por completo y resulta evidente que necesitan "ganar tiempo" para elaborar alguna "estrategia" alternativa al frustrado proyecto de implantar las retenciones al agro. Como parte dicho plan, -en primer lugar- se dio a conocer la noticia falsa de la "derogación" de la resolución que fuera rechazada por el Congreso nacional, cuando -en la realidad- solamente se dictó un decreto limitándola y no derogándola, como ya se han encargado de demostrar juristas serios como el Dr. Gregorio Badeni y el ex juez Martín Silva Garretón, con lo cual, la carta que los K esconden debajo de la manga es esperar el momento oportuno para que cuando las condiciones políticas se presenten como algo mas "favorables" volver a intentar –seguramente por vías mas sutiles que las implementadas hasta el momento- imponer una vez mas el frustrado -por el momento- tributo.

El escenario que enfrentan el par de déspotas argentinos al mando del gobierno es el siguiente: han dilapidado el patrimonio nacional, dejando al país en un virtual estado de quiebra del que –conforme puede advertirse- no tienen ni la más mínima idea de cómo salir. O si la tienen, es evidente que no abrigan el menor interés en poner en marcha las contra-medidas que permitan a la nación salir de la dificilísima situación en la que estos dos facinerosos la han sumido. Han llegado a un punto sin retorno y es como un shock inesperado lo que tienen ante sus ojos, lo que revela una gran dosis de torpeza política de parte de ambos, pero, además de la torpeza política propia de la impericia de los improvisados en políticas nacionales, la cuota de resentimiento y de odio que alimentan los Kirchner hacia todo lo que se perfile como algo diferente a su forma de pensar, evidentemente, los obnubila mucho mas aun, lo que da lugar –claro esta- a mayores necedades todavía.

La economía tiene reglas y leyes inviolables que el poder político no puede torcer por mucho tiempo ni intensamente. Estas leyes económicas inexpugnables le están diciendo a los dos presidentes argentinos -tanto al de facto como al de jure-, que el dinero se acabó y junto con la caja vacía el poder también se ha vaciado. Es esta realidad la que los K se niegan asumir. Sin embargo, es esa misma realidad la que se los hará asumir, no con consecuencias agradables, precisamente.

El panorama es desolador, tanto para la tiránica pareja como para el conjunto del país: la tasa de imposición fiscal no puede subirse mas por ya estar al máximo, la política fiscal y monetaria han alentado la salida de capitales y la desinversión en los sectores productivos; el financiamiento externo es inexistente por la pésima política exterior llevada a cabo durante toda la era K. Es decir, en buen criollo "no ha de donde sacar un peso" y las arcas del estado están casi vacías. Esto fue –y no sus declamaciones lacrimógenas- lo que motivó la lucha del gobierno por implantar las retenciones al agro: porque los números no cierran (tampoco iban a cerrar con las retenciones, por efecto de la curva de Laffer, como todo buen economista bien lo sabe, agravado –además- con una espectacular crisis social).

Ante este pavoroso horizonte, el cambio de un ministro en el gabinete es –apenas- una permuta cosmética menor, factor distractivo para que la opinión pública tenga el efecto psicológico de que el gobierno esta "haciendo algo distinto" cuando no esta en su intención hacer nada diferente a lo que han venido "haciendo" (en realidad deshaciendo) hasta ahora : generar situaciones conflictivas, empobrecer a los ciudadanos, agravar la crisis social y económica, y dilapidar -como nadie lo había hecho antes- la riqueza de la nación, a la par de enriquecerse personalmente a niveles vergonzosos.

Al momento, no hay cambio de políticas y no soy optimista en cuanto a que las haya, por lo que he dicho siempre desde que estos sujetos llegaron al poder: son incompetentes, ineptos y -para peor- corruptos. Desfalcaron a su propia provincia durante largos años e intentaron -y aun intentan- hacer lo mismo con la nación, casi lo han logrado, enriqueciéndose impúdicamente a costa de la pobreza del pueblo, de lo cual la trepidante inflación es apenas un síntoma menor.

Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros : La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo.