20100206

Gobierno

No es tan fácil gobernar

Por Gabriel Boragina ©

 

Si bien resulta relativamente sencillo llegar a ser gobernante de una nación, una vez en la cima del poder la acción de gobernar no es una tarea tan simple como comúnmente la gente cree.  El gobernante debe luchar contra dos tenencias bien definidas, a saber: 1º la tendencia que todos tenemos instintivamente a hacer nuestros caprichos y 2º) la misma tendencia que tienen todos los demás, en el caso que examinamos, los gobernados. La resultante del choque de estas dos tendencias es lo que llamamos política o la acción política, si estamos examinando un pueblo, una nación o un estado dado. También podemos llamar a esta puja, la lucha por el poder, donde gobernantes y gobernados pugnan por imponer sus propias decisiones. Claro que hay pueblos o naciones o gobernados -para mejor decir- más dóciles que otros, y en donde a los gobernantes les resulta más fácil dominar, pero donde las fuerzas entre ambos bandos están equilibradas o bien donde los gobernados tienen más poder que sus gobernantes, las cosas no son tan sencillas para los gobiernos. La mayoría de las situaciones existentes se dan entre estos últimos dos contextos, es decir, la de equilibrio de poderes, o bien, la de aquella donde los poderes en lucha se vuelcan unas veces hacia un bando y otras hacia el contrario. Las "batallas" de poder siempre producen crisis de diferente grado.  En general, se puede decir que lo normal es una suerte de tensión permanente entre gobernados y gobernantes, que según el grado de dicha tensión, genera crisis menores o mayores. Donde las crisis se prolongan y llegan a niveles insostenibles es donde se producen los recambios de gobierno, ya sea por la vía electoral o la vía de facto. Estas situaciones límite, no son evitables mediante ninguna clase de legislación que intente prohibirlas o restringirlas, es decir, si la crisis es de verdadera magnitud, estamos frente a una clara situación de hecho, que no sabe de leyes ni de constituciones políticas, ni de orden institucional de ninguna naturaleza. Cuando la gente dice basta es basta y las mayorías –hay que recordar siempre- no son versadas en derecho constitucional ni en la ciencia política, cuando las masas reclaman un cambio, el cambio lo imponen como sea, ya sean vías de hecho o legales.

Las causas de las crisis pueden ser múltiples, pero entre las más frecuentes encontramos:

1.   Problemas de crecimiento

2.   Injusta distribución de riqueza

3.   Pobreza

En realidad, como el lector bien puede comprender, las tres causas están profundamente interrelacionadas y no son -en rigor- separables. Solo las separamos a los únicos fines explicativos y nada más.

Como veníamos diciendo, cuando en un determinado lugar y sociedad civil (y política) la situación se desborda y este desborde -del lado de los gobernados- es creciente, el gobierno no puede sostenerse en el tiempo, no sin antes producir disturbios y escenarios de violencia, mayor o menor, dependerá -como se dice- de la intensidad de la crisis generada.

Pero además, hay que tener en cuenta que los gobiernos, al disponer de un poder enorme, tienen tendencia a forjar crisis, por el hecho de que todo gobernante intentará utilizar ese poder en su propio provecho, o en términos del profesor James Buchanan, a maximizar su utilidad individual.

En suma, ha que comprender que el gobierno es una resultante de fuerzas, de múltiples fuerzas que, en realidad, se pueden reducir a dos (a los fines didácticos), las ejercidas por los gobiernos y las ejecutadas por los gobernados. El buen gobierno se caracteriza por interpretar y acompañar las fuerzas y deseos de los gobernados, sin embargo, en cuanto quieren oponerse a ellas, los gobiernos comienzan a tener dificultades y a generar resistencias, en primer lugar en los sectores afectados. Si el gobierno ataca a otros sectores, irá originando resistencias en esos grupos atacados, y si finalmente le declara una guerra informal a toda la sociedad civil estaría creando las semillas de su propia destrucción.  Este último parece ser el camino elegido por varios gobiernos de la región, como por ejemplo, los gobiernos del matrimonio Kirchner en la Argentina y el del venezolano Chávez.

Muchos regímenes, en especial el de los recientemente nombrados, traman planes para evitar ser objeto de resistencias en sus ataques a la sociedad civil, la mejor forma que tienen de lograrlo es tratando de politizar a dicha sociedad conforme lo hemos explicado muchas veces. Es conveniente no confundir aquí politización con interés o activismo político que son cosas diferentes.

Ejemplos de sociedades completamente politizadas, en el sentido que lo hemos explicado, son el de la cubana o la soviética, y el ideal de gobiernos como los de los Kirchner y Chávez es que sus respectivos regímenes lleguen a parecerse a (o mejor aún, a convertirse en) la sociedad cubana, es decir, una clase política sumamente enriquecida frente a una sociedad civil enormemente empobrecida. Cuáles son los factores que permiten una mayor o menor politización de las sociedades, hay que buscarlos en la cultura, la tradición, la historia, la formación, la idiosincrasia, etc. de esos pueblos, donde descubriremos que habrá una sociedades de mas politzables que otras.

Cuando los gobiernos fracasan en su intento de politizar  a la sociedad civil es donde las crisis se agudizan.

 

Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros: La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo; Apuntes sobre filosofía política y económica; Impuestos (una muy breve introducción al tema); Educación (una primera mirada); etc.

20100131

Comunismo

La "caída" del comunismo

Por Gabriel Boragina ©

1.       Sobre la "caída" del comunismo

Es un lugar común en la mayoría de los análisis contemporáneos, dar por sentado que, en el año 1989, tanto el socialismo como el comunismo "desparecieron" de la faz de la tierra, o poco menos que eso. Yo no comparto esa visión, y el propósito de estas líneas es darle al lector alguna explicación del por qué mi disidencia sobre lo que ya, puede decirse, es un lugar común entre la mayoría de los intelectuales sociales.  Para tratar de expresarlo con la mayor claridad y brevedad que me es posible, lo que sucedió en el año indicado fue que, algunos gobiernos en la Europa oriental de signo comunista cayeron del poder. Esto, en principio, es algo bastante diferente a afirmar a boca de jarro que el comunismo "cayó" o "desapareció" o "sucumbió". El sistema comunista pervive en la mente de muchas personas como ideología potable, los comunistas convencidos no han dejado de ser comunistas por el fracaso de la URSS o de sus países satélites, ya que ninguno de ellos considera que el sistema fracasó, sino que, por el contrario, creen que sucumbieron algunas cuestiones metodológicas que -según ellos- no invalidan al sistema como "un todo". Es decir, siguen viendo el sistema comunista como consistente y solo critican la metodología de aplicación, la que juzgan que fue errónea. No hacen una crítica de fondo, ni mucho menos, se hacen una autocrítica. Nada de eso. Es como decir que solo creen que se equivocó el camino hacia el objetivo: la sociedad comunista, pero de ninguna manera abandonan creer que el objetivo deba ser otro diferente a este último.

Lo que se malinterpreta como la "caída" del comunismo, en realidad hay que leerlo como un triunfo del intervencionismo socialdemócrata, o puesto en términos más sencillos: lo que determinó el fracaso de esos gobiernos comunistas fue el hecho de que muchas personas creyeran que los métodos violentos del estado comunista no eran apropiados para conducir a las gentes hacia el bienestar material o económico como se profesaba antes, por lo que pasaron a creer que era necesario girar hacia una vía más "moderada", siempre sin perder de vista el objetivo final. En esa década de 1990 entonces se abandonó la pretensión de lograr la sociedad comunista y se la reemplazó por la de conseguir la sociedad socialista, es decir, dar un paso hacia atrás en el camino que conduce del socialismo al comunismo.

Pero como los socialistas, a su vez, se hallaban muy desprestigiados por haberse empeñado durante décadas que el camino al comunismo era por la vía del socialismo, se decidió dar un nuevo paso hacia atrás y volcarse hacia la socialdemocracia. De esta suerte, quedó configurado el mapa mundial, con naciones ex comunistas devenidas en socialdemocracias, algunas más o menos socialistas que otras, pero todas dentro del marco amplio al que da lugar el término socialismo, que cobija un abanico de intervencionismos más o menos graduales, de modo tal que, podemos decir que ese es el marco político y económico de nuestros días desde la falsa "caída" del comunismo. Es importante aquí señalar que, se ha optado por la socialdemocracia –insistimos- como un camino, sin renunciar al objetivo final: la sociedad comunista. Las discrepancias que se suscitan es que, mucha gente mal informada o formada, ha interpretado todos estos sucesos como la "desaparición" del comunismo y aun también la del socialismo en el mapa mundial. He aquí el grave error que dejamos denunciado.

2.    El "triunfo" del capitalismo

Un error, no menos grave, consiste en leer todos los sucesos narrados como un supuesto "triunfo" del capitalismo. Suponer semejante falacia implica, sin lugar a duda, no tener siquiera la menor idea de en qué consiste el capitalismo, y ello pese a que no han dejado de haber autores que se han esmerado en su explicación (por ejemplo Ludwig von Mises, Friedrich A. von Hayek, Murray N. Rothbard , Alberto Benegas Lynch (h) y muchísimos más). Yo mismo he tratado de aportar mi humilde granito de arena en dicha misión, publicando un libro que lleva por título Socialismo y capitalismo (Véase en: http://ceefip.com/socialismo.htm ). Nadie que hubiera leído la enorme cantidad de trabajos publicados por los nombrados y muchos de sus brillantes discípulos, puede sostener con seriedad ninguna, que lo que a hoy existe en la Europa oriental y en el Asia misma, se asemeja a nada parecido a un sistema capitalista. Como sumo, podrá decirse que en la maraña de medidas intervencionistas que allí rigen podremos encontrar alguna que otra perdida medida aislada con cierto tinte de economía de mercado, pero el examen riguroso, tanto de los sistemas políticos de la ex naciones satélites de la órbita soviética, como en China mismo, nos informa que los sistemas allí vigentes a la fecha son intervencionismo puro, o menos puro, según sea la tendencia que este intervencionismo tenga hacia el socialismo, la que como he explicado en la obra precedentemente citada, puede ser de mayor o menor grado, señalando allí como detectar unos casos de los otros.    

No resulta simple ni tan sencillo como una mayoría de personas hoy en día lo creen, desembarazarse de la mentalidad anticapitalista que campea en la generalidad de las conciencias, no ya tan sólo del mal llamado mundo ex comunista, sino, y quizás bastante mas preocupante, de la que anida en la mayoría de aquellos que creen vivir y dicen "defender" un mundo libre. Si esta mentalidad descuella entre los occidentales que se jactan de no haber padecido los horrores del régimen comunista ¿puede razonablemente esperase mucho más o simplemente mas de aquellos que si, tuvieron la desgracia de sufrir aquellos regímenes?

Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros: La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo; Apuntes sobre filosofía política y económica; Impuestos (una muy breve introducción al tema); Educación (una primera mirada); etc.

 


 

20091123

Argentina

¿En marcha hacia la disolución nacional?

Por Gabriel Boragina ©

 

Es difícil -realmente- contabilizar el poder destructivo del matrimonio Kirchner en Argentina comparativamente en relación a los gobiernos anteriores, pero hay que decir que, con todo el daño que le han inferido al país, la situación no es peor que la vivida bajo los gobiernos de Isabel Perón y el de Raúl Alfonsín, por citar solo dos de los casos más recientes de los mas malos gobiernos argentinos. Las diferencias son de estilo y de formas, pero también los contextos socio-históricos-económicos son disimiles. Por ejemplo, el gobierno de Isabel Perón estuvo marcado por la ignorancia, pero había poco de soberbia, el del Alfonsín con solo un grado menor de ignorancia pero ya con algo de soberbia (en parte, la soberbia del que no reconoce su propia ignorancia), en tanto que el gobierno del matrimonio Kirchner conjuga claramente ignorancia y soberbia potenciadas como pocas veces se ha visto en la historia reciente del país.

Estos defectos no son exclusivos del matrimonio Kirchner sino que son un prototipo de una forma de ser, una caracterología de lo que podría llamarse -de alguna manera- como un "modo de ser nacional". Quienes votaron a la pareja son así y quienes toleran que la pareja siga en el poder también son así. O sea, no pueden ofrecer nada mejor que eso, lo que incluye, claro está, lo que se da en llamar "la oposición".

En los medios locales, arrecian las críticas contra el gobierno y -al mismo tiempo- contra la oposición, en otros términos, ninguno de los que critican se consideran culpables de nada y solo se estiman con derecho a criticar, pero la crítica por la crítica misma es algo muy simple de llevar a cabo, los cambios y las reformas no se agotan en las críticas verbales, sino que hace falta un comportamiento critico integral donde la verba sea acompañada de la acción, de otra manera expresado, de actos concretos y palpables sostenidos en el tiempo que hagan de la crítica algo sólido y fundamentalmente creíble.

En un medio donde la debacle moral, política y económica parece no dejar de precipitarse cabe preguntarse dónde estará el punto final de este infausto rumbo y las respuestas que suelen darse no dejan ser en extremo insatisfactorias, en parte porque la respuesta no es simple, ya que requeriría de facultades adivinatorias en las que francamente tampoco creo. Los argentinos aparecen tan perdidos y desorientados como siempre, sobre todo por su insistencia en seguir cifrando sus esperanzas redentoras en la clase política: hoy este candidato, mañana aquel otro, siempre esa maniaca esperanza mesiánica, que también forma parte de ese nefasto "ser nacional argentino".

En suma, sobra crítica y escasea la autocrítica. Y así vamos con esa extravagancia de que "la culpa siempre la tuvo el otro".

Las respuestas de que el país va a salir airosamente de esta situación en que los Kirchner lo han sumido tampoco sirve de mucho (por no decir de nada) porque sería tanto como caer en una suerte de profecía hegeliano-marxista del tipo "mejorista" que no se diferencia demasiado del campo de las predicciones astrológicas y que tiene tan poco valor para mí como el de estas mismas. Las situaciones nunca son exactamente iguales, por lo tanto los ejemplos del ayer nunca pueden servir de base válida para prever el mañana. Ahora bien, nada de todo esto invalida el ejercicio de aventurar hipótesis, teniendo en claro que las circunstancias pueden estar variando y -de hecho- varían en todo momento, sin embargo, hay constantes en el comportamiento social argentino que permiten aventurar, con una muy baja probabilidad de error, que las características fundamentales de este pueblo no van a modificarse en el corto plazo, y la permanencia -aún en el terreno de la hipótesis- de estas particularidades permitirían hacer algunos pronósticos tentativos de lo que podría llegar a ocurrir en un futuro cercano.

De tal suerte que, resulta altamente factible que estemos asistiendo a un proceso de lenta pero sostenida disolución del país (o lo que más precisamente se entiende por el vocablo "nación"), lo cual -en sí mismo- no es una noticia ni buena ni mala, excepto para quienes albergan profundas convicciones nacionalistas, las que por cierto, no forman parte de mi bagaje cultural personal.

Probablemente se mantenga una estructura formal con la apariencia de una "nación", lo que implica que no desaparecerán –claro está- "de un plumazo" ni las instituciones ni el "orden" jurídico, sino que ya no cumplirán su misión ni funciones, de hecho, ya es observable que las instituciones no funcionan y el "orden" jurídico tiene de todo menos de orden. Desde un punto de vista positivo, el proceso debería ser visto como una buena oportunidad para conseguir -de una vez por todas- la atomización del poder, aun cuando esta intención esté lejos de lo que desean muchos argentinos, que suelen ser confesos adoradores de un "poder nacional".

Naturalmente, que la confirmación o no de este pronóstico solamente podrá estar dada por el devenir de los acontecimientos de aquí en mas, pero es importante recalcar que todo parece indicar que la línea de dirección es la indicada y que cada vez se hace más compleja la adopción de soluciones que permitan torcer el rumbo trazado por la dirigencia política argentina. Y quiero insistir en la responsabilidad de toda esa dirigencia (oficialista y opositora) sin excluir a los dirigidos, que mediante su indiferencia o complacencia -como quien mira un espectáculo que solo atañe a otros protagonistas- apañan con su acción o inacción el rumbo trazado.

 

Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros: La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo; Apuntes sobre filosofía política y económica; Impuestos (una muy breve introducción al tema); etc.

 

 

Argentina

¿En marcha hacia la disolución nacional?

Por Gabriel Boragina ©

 

Es difícil -realmente- contabilizar el poder destructivo del matrimonio Kirchner en Argentina comparativamente en relación a los gobiernos anteriores, pero hay que decir que, con todo el daño que le han inferido al país, la situación no es peor que la vivida bajo los gobiernos de Isabel Perón y el de Raúl Alfonsín, por citar solo dos de los casos más recientes de los mas malos gobiernos argentinos. Las diferencias son de estilo y de formas, pero también los contextos socio-históricos-económicos son disimiles. Por ejemplo, el gobierno de Isabel Perón estuvo marcado por la ignorancia, pero había poco de soberbia, el del Alfonsín con solo un grado menor de ignorancia pero ya con algo de soberbia (en parte, la soberbia del que no reconoce su propia ignorancia), en tanto que el gobierno del matrimonio Kirchner conjuga claramente ignorancia y soberbia potenciadas como pocas veces se ha visto en la historia reciente del país.

Estos defectos no son exclusivos del matrimonio Kirchner sino que son un prototipo de una forma de ser, una caracterología de lo que podría llamarse -de alguna manera- como un "modo de ser nacional". Quienes votaron a la pareja son así y quienes toleran que la pareja siga en el poder también son así. O sea, no pueden ofrecer nada mejor que eso, lo que incluye, claro está, lo que se da en llamar "la oposición".

En los medios locales, arrecian las críticas contra el gobierno y -al mismo tiempo- contra la oposición, en otros términos, ninguno de los que critican se consideran culpables de nada y solo se estiman con derecho a criticar, pero la crítica por la crítica misma es algo muy simple de llevar a cabo, los cambios y las reformas no se agotan en las críticas verbales, sino que hace falta un comportamiento critico integral donde la verba sea acompañada de la acción, de otra manera expresado, de actos concretos y palpables sostenidos en el tiempo que hagan de la crítica algo sólido y fundamentalmente creíble.

En un medio donde la debacle moral, política y económica parece no dejar de precipitarse cabe preguntarse dónde estará el punto final de este infausto rumbo y las respuestas que suelen darse no dejan ser en extremo insatisfactorias, en parte porque la respuesta no es simple, ya que requeriría de facultades adivinatorias en las que francamente tampoco creo. Los argentinos aparecen tan perdidos y desorientados como siempre, sobre todo por su insistencia en seguir cifrando sus esperanzas redentoras en la clase política: hoy este candidato, mañana aquel otro, siempre esa maniaca esperanza mesiánica, que también forma parte de ese nefasto "ser nacional argentino".

En suma, sobra crítica y escasea la autocrítica. Y así vamos con esa extravagancia de que "la culpa siempre la tuvo el otro".

Las respuestas de que el país va a salir airosamente de esta situación en que los Kirchner lo han sumido tampoco sirve de mucho (por no decir de nada) porque sería tanto como caer en una suerte de profecía hegeliano-marxista del tipo "mejorista" que no se diferencia demasiado del campo de las predicciones astrológicas y que tiene tan poco valor para mí como el de estas mismas. Las situaciones nunca son exactamente iguales, por lo tanto los ejemplos del ayer nunca pueden servir de base válida para prever el mañana. Ahora bien, nada de todo esto invalida el ejercicio de aventurar hipótesis, teniendo en claro que las circunstancias pueden estar variando y -de hecho- varían en todo momento, sin embargo, hay constantes en el comportamiento social argentino que permiten aventurar, con una muy baja probabilidad de error, que las características fundamentales de este pueblo no van a modificarse en el corto plazo, y la permanencia -aún en el terreno de la hipótesis- de estas particularidades permitirían hacer algunos pronósticos tentativos de lo que podría llegar a ocurrir en un futuro cercano.

De tal suerte que, resulta altamente factible que estemos asistiendo a un proceso de lenta pero sostenida disolución del país (o lo que más precisamente se entiende por el vocablo "nación"), lo cual -en sí mismo- no es una noticia ni buena ni mala, excepto para quienes albergan profundas convicciones nacionalistas, las que por cierto, no forman parte de mi bagaje cultural personal.

Probablemente se mantenga una estructura formal con la apariencia de una "nación", lo que implica que no desaparecerán –claro está- "de un plumazo" ni las instituciones ni el "orden" jurídico, sino que ya no cumplirán su misión ni funciones, de hecho, ya es observable que las instituciones no funcionan y el "orden" jurídico tiene de todo menos de orden. Desde un punto de vista positivo, el proceso debería ser visto como una buena oportunidad para conseguir -de una vez por todas- la atomización del poder, aun cuando esta intención esté lejos de lo que desean muchos argentinos, que suelen ser confesos adoradores de un "poder nacional".

Naturalmente, que la confirmación o no de este pronóstico solamente podrá estar dada por el devenir de los acontecimientos de aquí en mas, pero es importante recalcar que todo parece indicar que la línea de dirección es la indicada y que cada vez se hace más compleja la adopción de soluciones que permitan torcer el rumbo trazado por la dirigencia política argentina. Y quiero insistir en la responsabilidad de toda esa dirigencia (oficialista y opositora) sin excluir a los dirigidos, que mediante su indiferencia o complacencia -como quien mira un espectáculo que solo atañe a otros protagonistas- apañan con su acción o inacción el rumbo trazado.

 

Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros: La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo; Apuntes sobre filosofía política y económica; Impuestos (una muy breve introducción al tema); etc.

 

 

20090922

Argentina

Ley de medios

 

Por Gabriel Boragina ©

Antes de abordar el tema de nuestro titulo, me parece de la mayor importancia distinguir y diferenciar entre dos conceptos que -normalmente- suelen tomarse como sinónimos y no lo son. Nos referimos a las expresiones "periodismo independiente" por un lado y "libertad de expresión" o también -a veces- llamada "libertad de opinión" o "libertad de prensa", por el otro.

"Periodismo independiente" no es -en modo alguno- sinónimo de las tres últimas expresiones, en primer lugar, porque yo no creo en el "periodismo independiente", es más, creo que el periodismo nunca es independiente. ¿Por qué? Porque para que exista periodismo, antes debe existir libertad de expresión (o de prensa u opinión) y si esta última no existe no puede haber periodismo de ninguna clase (ni ninguna otra cosa, pero por el momento, circunscribiremos este análisis al tema de la prensa, que es lo que actualmente se encuentra en debate).

Al depender de la existencia de una previa libertad de prensa, el periodismo deja entonces de ser "independiente" y pasa a ser dependiente. Pero hay otras razones más para que digamos que no creemos en el "periodismo independiente" y es que el periodismo esta hecho por personas, que tampoco son "independientes" sino que dependen de muchos otros factores, tanto externos a sus vidas como internos a ellas. En lo que atañe al tema que ahora estudiamos, el periodista siempre depende de sus ideas (en primer lugar) las que están -a su vez- condicionadas por una cantidad enorme de factores, entre los que se cuentan su educación, en primer término, y sus condicionamientos sociales, seguidamente, el entorno familiar y amistoso, y una buena cantidad de de prejuicios ideológicos. Esto es particularmente visible en temas inherentes a las ciencias sociales, tales como la política y la economía.

En otras palabras, todos dependemos de nuestras ideas, y de momento que los periodistas no son seres extraterrestres, sino humanos, también se encuentran afectados por dicha dependencia, llamémosle ideológica, aunque el término no sea de lo mas preciso, pero sirve para entendernos. Ahora bien, todo lo dicho no tiene nada de malo ni de bueno en sí mismo, (cada uno calificará de acuerdo a su personal escala de valores) simplemente se limita a señalar lo que me parece un hecho, o en términos más puntuales, una circunstancia fáctica, en un sentido claramente orteguiano, por el cual, el hombre nunca es él sólo, sino que es él y su circunstancia.

La "ley de medios" que quieren aprobar los Kirchner no solo apunta a acabar con el periodismo opositor (o no afín a sus personas) sino que atenta, en forma directa y artera, contra la misma libertad de opinión que es lo que realimente les molesta, conscientes como son de la enorme influencia que la prensa (tradicionalmente llamada "el cuarto poder") tiene sobre las masas. Y es –precisamente- ahí adonde asestan. Los Kirchner no quieren un "periodismo independiente" ni nada por el estilo, quieren un periodismo completamente dependiente, pero no de las ideas personales de cada uno de los periodistas, o de la línea editorial del medio que fuere, sino que ansían un periodismo completamente dependiente de los personales designios el matrimonio, del mismo modo que opera el tirano Chávez en Venezuela.

Y esto, no deberá interpretarse como una "defensa" al diario Clarín. Clarín como todos los medios que yo conozca del país, nunca fue "independiente", la cuestión no pasa por utilizar esta última palabra, que -como ya explicamos- carece de sentido. El ataque de los Kirchner contra Clarín es por la gran llegada que tiene este diario a la mayoría de los argentinos, posiblemente el de mayor circulación, de modo tal que, se entiende la estrategia y el interés de los Kirchner en dominarlo. Y decimos que Clarín nunca fue independiente porque, durante los sucesivos gobiernos que rigieron a través de su existencia, siempre se ha alineado más hacia unos que hacia otros, y ello, sin duda, en función de los intereses económicos del grupo, que se ha sabido mover al compás de los vaivenes de los favores, las dadivas y las prebendas. De modo tal que, no tengo yo un interés personal en la "defensa" del diario Clarín, simplemente, trato de poner un poco de orden en las ideas en debate. Este mismo diario Clarín acompañó al gobierno de Kirchner, durante buena parte de su gestión y contribuyó a que muchas personas creyeran –incluso- que las cosas "marchaban viento en popa", es decir, fue -en su momento- cómplice de los siniestros planes que venían tramando los Kirchner contra la Argentina.

La suerte de Clarín no tiene importancia (al menos no la tiene para mi, que jamás leo ese diario). Lo verdaderamente grave es que, en su embestida contra el multimedio, los Kirchner arrasan en el camino con la libertad de prensa (o de expresión u opinión) dejando en el tendal a cualquier medio que asome como tibiamente opositor a la línea dictatorial hacia la que se dirige el trágico matrimonio que sojuzga a la Argentina. Por eso, el debate que hace girar esta cuestión en estar contra o a favor de Clarín es, o hipócrita o ignorante.

Los Kirchner han hecho y siguen haciendo un daño enorme a la Argentina, y esta acometida contra la libertad de prensa se alinea en mi tesis sostenida en solitario desde que el patagónico llegara al poder (sin haber sido elegido con los votos mínimos exigidos por la Constitución de la Nación Argentina para ello) de que el sujeto y su mujer han venido para instalar una dictadura, al mejor estilo castrista o chavista, y ya he tenido oportunidad de comentar, en uno de mis artículos que, si al momento, no han hecho más daño al país, es porque sus respectivas incapacidades se lo impiden y no porque no desearan hacerlo. Teniendo en cuenta que es visible y notorio que esta diabólica pareja solo se mueve por odios y rencores y la única forma de actuar que parecen conocer es mediante el sometimiento o la venganza hacia el enemigo.

Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros: La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo , Apuntes sobre filosofía política y económica, etc.

 

20090822

Argentina

Argentina: sin novedades en el frente (ni en el fondo)

 

Por Gabriel Boragina©

 

Confirmando nuestro pronóstico preelectoral, nada cambió en la Argentina con el resultado -en principio- "adverso" a los Kirchner de las últimas elecciones legislativas.

Es que como también anticipáramos repetidamente, en un marco político donde no existe más "oposición" partidaria a los Kirchner que la que pueda surgir del propio seno del PJ, lo que sucedió en las últimas elecciones no fue ninguna otra cosa diferente a lo que viene ocurriendo desde 2003 a la fecha, los "competidores" electorales son –al menos los que cuentan con mayores posibilidades de ganar- todos pertenecientes al mismo partido: el Justicialista. 

De allí, que en mis últimos análisis de la situación, he insistido en señalar la consolidación de una tiranía de tipo personalista, en este caso del matrimonio Kirchner, pero que no es ajena a la tradición peronista, si –repasando la historia- se tiene en cuenta el golpe de estado militar de 1943, inspirado y (en buena parte) materializado por el G.O.U. siglas del Grupo de Oficiales Unidos, del que formara parte el coronel Juan Domingo Perón, y del cual fuera su figura más descollante y relevante. 

Las analogías son evidentes, el matrimonio Kirchner, tratando de "emular" a Perón y Evita, más allá de las distancias en el tiempo y en la figura, pero empleando los mismos métodos: concentración del poder político y económico hasta donde se pueda, propaganda demagógica insistente, pero unidos a una incapacidad política y económica pocas veces vista en la historia del país.

La sociedad argentina, mayoritariamente fascista (al menos desde 1943 -o quizás un poco antes- en adelante) no concibe otro modo de gobernar el país que no sea mediante esta ideología (y su metodología), ya sea implementando las variantes de fascismo de izquierda o de derecha (para profundizar este punto véase mi libro Socialismo y capitalismo). Puede decirse que J. D. Perón abrió el camino con lo que hoy sería llamado el típico fascismo de derecha, en sus dos primeros gobiernos, el que se tornó en un fascismo de izquierda en su tercer gobierno, que culminara con su esposa Isabel Perón. 

Y el de los Kirchner es –claramente- un fascismo de izquierda. Baste para ello observar la cantidad de ex terroristas de la guerrilla de izquierda encumbrados en altísimos cargos públicos de su gobierno, para que no le quede duda de ello a nadie que pueda pensar un poco, e hilvanar -al menos- dos o tres ideas claras. De allí, su gran simpatía por el dictador venezolano Hugo Chávez, un ejemplo perfecto de un fascista de izquierda.

Ahora bien, volviendo a la coyuntura que tanto gusta a los argentinos ¿qué puede esperarse en el futuro inmediato? Dado que no abrigo ninguna esperanza que la ideología política mayoritaria del pueblo cambie, ni en lo inmediato ni en lo mediato, lo más probable es que los efectos no se noten en lo político, pero donde siempre se notan es en lo económico, campo en el que el fascismo siempre muestra sus resultados más devastadores.  Por ello, creo que los argentinos verán acentuarse la fuga de capitales, la pauperización, es decir, el desastre económico, que ya viene haciendo estragos y que ni el oficialismo ni la oposición tienen –a juzgar por sus discursos y acciones consecuentes- las mas mínima idea de cómo revertir, si bien por motivos distintos.

Es que tanto el oficialismo como la oposición, o mejor dicho esta última, solo ve todo lo que sucede en la Argentina como una crisis política, y solo ve la económica como consecuencia de aquella, sin darse cuenta que el orden es exactamente el inverso: son las crisis económicas las que desencadenan las crisis políticas, aunque estas últimas pueden agravar –hasta cierto punto- a las primeras.

Y las crisis económicas son siempre desatadas por los gobiernos por tres causas posibles: 1º) ignorancia, 2º) malicia o 3º) una combinación de ambas. Ergo, mi pronóstico es que ni el oficialismo ni la oposición están en condiciones (aunque lo desearan) de solucionar la crisis argentina. La crisis nacen cuando los gobiernos atacan (por cualquiera de las tres causas apuntadas arriba) ciertas instituciones políticas y económicas, que son un reaseguro que la sociedad -en un momento dado- ha tomado contra las crisis. Entre las políticas, destaca la República y su corolario: la división de poderes, y entre las económicas, cabe mencionar a los mercados y sus dos pilares, los precios y la propiedad privada. En rigor, -y como ha enseñado el profesor Ludwig von Mises- es esta ultima la que da existencia a los dos primeros (mercados y precios), aunque los tres se necesitan interdependientemente para poder existir, de tal suerte que atacando a cualquiera de ellos, se está dañando a cualquiera de los otros dos.

El gobierno del matrimonio Kirchner ha arremetido despiadadamente contra todas estas instituciones originarias y a sus derivadas (las que explicarlas aquí sería demasiado extenso, aunque ya lo hemos hecho en nuestra bibliografía indicada al pie). Y reitero, que no veo a la llamada "oposición" política en mejores condiciones de recuperarlas (suponiendo que estuviera en las intenciones de esa "oposición" esta tarea, punto sobre el que tengo mis serias dudas. Más si recordamos que la verdadera "oposición" al oficialismo proviene del propio seno del partido oficialista, como señalábamos al comenzar, lo que implica que ambos comparten una ideología de fondo, aun cuando esa "oposición" "discrepe" en cuanto a las metodologías de aplicación de esa ideología común que oficialismo y oposición comparten).

Con todo, es muy difícil escapar a la idea –dado el caos actual- que cualquier cosa que venga será mejor a los Kirchner, porque llega un punto que, cualquiera sea la incapacidad política del gobernante de turno, la sociedad civil crea lo que llamamos anticuerpos sociales, mediante los cuales trata de defenderse con los medios a su alcance, de la continua agresión de sus gobiernos, tal como la experiencia histórica siempre lo ha demostrado, y también se está notando en la sociedad argentina.

 

Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros: La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo , Apuntes sobre filosofía política y económica, etc.

 

20090514

Argentina

Argentina y sus síntomas de tiranía

 

Por Gabriel Boragina ©

 

Se avecina un nuevo simulacro de elecciones en Argentina y resulta otra buena oportunidad para que ensayemos algunas reflexiones sobre la tristísima situación que atraviesa este país del cono sur.

En medio de una espectacular crisis económica, social, moral, política, cultural, educativa, e –incluso- anímica de todo orden como pocas veces fuera visto, el clima electoral se ha vuelto instalar en el feudo, ahora controlado por el matrimonio Kirchner.

Bastante se ha escrito y dicho sobre la dictadura económica que ejercen el par de energúmenos a cargo del poder. De allí que no vamos a ahondar sobre este tema en esta oportunidad, en su lugar hay dos aspectos que quiero resaltar ahora y que tienen que ver con las elecciones que se aproximan.

El primer aspecto es el papel de la oposición política y las críticas que arrecian sobre ella desde todos los sectores, en rigor desde dos sectores bien definidos: el oficialismo por un lado y el conjunto de la ciudadanía por el otro. El otro punto es la cantidad de eufemismos que utilizan la mayoría de los analistas políticos para evitar referirse al gobierno de los Kirchner como lo que es: una dictadura. Empecemos por este último y sigamos con el primero.

Siempre creí que las cosas deben ser llamadas por su nombre, y la manía argentina de utilizar metáforas o eufemismos y circunloquios para evitar hacerlo, siempre me ha resultado altamente enfermiza. Los más "prestigiosos" analistas económicos-políticos critican duramente al gobierno Kirchner y -al hacerlo- describen todos sus actos reprochables, en muchos casos con verdadero lujo de detalles. Sin embargo pocos, muy pocos, son los que se animan a llamar al gobierno Kirchner una tiranía, o una dictadura. Y creo que estas elecciones que se aproximan son una muy buena oportunidad para volver a demostrar que, además de la dictadura económica que los Kirchner ejercen, también son unos perfectos dictadores políticos. En suma, todos los indicadores dan a la "Argentina Kirchner" como una dictadura. Vemos uno de ellos.

Como dijimos, arrecian las críticas de esos dos sectores oficialismo y ciudadanía, contra la oposición política, a saber: el resto de los partidos políticos, y cuadros que integran (alianzas, etc., infaltables en toda víspera de elección y que suelen diluirse después de ella tan rápido como logran constituirse). Vale la pena aclarar que en este punto, oficialismo y ciudadanía no están "unidos" por el "amor" sino por el espanto. Un espanto que es tanto reciproco de uno hacia otra como de ambos hacia la oposición.

Se dice que la oposición es "débil", que esta "desarticulada, separada, confrontada entre sí" y es "inoperante" (entre otros calificativos análogos). Y yo coincido con todos estos adjetivos que se le endilgan hasta este punto. Luego, el resto de los analistas se pierden en "patrióticas" arengas para que esa oposición se una, converja en algún tipo de alianza, para enfrentar la pretensión de poder omnímodo de los Kirchner. En este lugar el análisis pierde la objetividad de los hechos descriptos e ingresa en la típica ingenuidad que en mis otros trabajos he tildado con el nombre de infantilismo. Pero veamos las causas posibles de esta verdadera inoperancia política de la oposición partidaria.

Creo que puede haber dos grandes motivos: el primero, llamado a) la oposición política es inoperante en su rol de oposición porque está en secreta complicidad con el oficialismo, o el segundo motivo, llamado b) podría ser que su neutralización deviene del hecho que está impedida políticamente de actuar por el oficialismo, a través de diferentes tipos de medios que no son claros y que mediante diferentes mecanismos evitan de hacerse públicos. Ahora bien, ya sea por la razón "A" (turbia complicidad con el gobierno) o por la razón "B" (neutralización espuria y clandestina del gobierno que paraliza su actuar) llegamos por ambas vías al mismo destino: vivimos en una tiranía.

Si se me pregunta a mi cual de los dos motivos creo que han eclipsado la oposición política argentina, me vuelco -casi sin dudarlo- al primero, al llamado (a). Es cierto que hay que considerar una tercer opción, por la cual se esté dando el caso de un contar con una oposición cuya pobreza intelectual y operativa (aunque no económica, claro está) sea tan grande que deje todos los espacios abiertos a que cualquier imbécil se haga del poder y lo detente, hasta que la situación se revierta. Este bien podría ser un escenario actual posible en Argentina. Pero a la vez, este tercer factor es combinable con los dos anteriores (a y b) con lo que –por supuesto- la situación en el país en cuestión no podría ser peor que peor.

Pero el punto de este análisis es que sean uno, dos o tres los motivos, o más de tres, el resultado es siempre el mismo, todo da como producto final una dictadura o tiranía, nada que ver con ninguna clase de "democracia", excepto que -como explico en mi libro La democracia-, se admita que la democracia es -o puede llegar a ser- una forma de dictadura, si este fuera el caso, el ejemplo de Argentina es paradigmático.

Los países con partidos únicos o lideres únicos o -en el caso argentino- con un único matrimonio gobernante, son por definición, aquí ahora y siempre, dictaduras. Es por ello que cuando los periodistas gustan referirse a la "última dictadura" sin más (en alusión a los militares) deberían aclarar –además- que no se están refiriendo al gobierno de los Kirchner. Caso contrario, la referencia periodística llamará a confusión a los entendidos, o a las personas que aun tienen dos dedos de frente y algunas nociones de derecho cívico de colegio.

Las dictaduras como la de Kirchner en Argentina son las más difíciles de combatir, cuando quienes las ejercen no dudan ni cesan de mentirle al pueblo, sabiendo que buena parte del pueblo creerá las mentiras y otra parte -sabiendo perfectamente que se le miente- simplemente se encogerá de hombros y su máxima expresión de protesta será algún insulto fuerte contra el gobierno dicho entre dientes o en susurro (cuestión de no levantar mucha atención en derredor) y nada mas pasará de allí.

 

Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros: La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo , etc.

 

 

20090328

Seguridad jurídica

¿Qué es la seguridad jurídica?

 

Por Gabriel Boragina ©

 

Se apela demasiado seguido a la necesidad de seguridad jurídica, sin que se medite a fondo, me parece, sobre el verdadero significado de esta expresión. La seguridad jurídica no es un valor por sí mismo, o sea, no es un valor per se. ¿Por qué digo esto? Porque hablar de seguridad jurídica es afirmar algo al vuelo, sin darle un contenido concreto, o -mejor dicho- presuponiendo un contenido que -en realidad- no posee.  Veamos algunos ejemplos de lo que quiero decir: la Alemania nazi, la Italia fascista, la Rusia soviética, la China maoísta no carecían de leyes. Tenían todas ellas sus constituciones políticas, sus códigos civiles, penales y comerciales, es decir, estas dictaduras tenían un ordenamiento jurídico. ¿Qué había de malo en ellos? ¿No existía seguridad jurídica? Claro que sí. Existía la seguridad jurídica de que quien incumplía con la ley sería de inmediato confinado a un campo de concentración o a trabajos forzados, o a un paredón de fusilamiento, previa rigurosa sesión de torturas varias ¿por qué? Porque esas constituciones, códigos y leyes eran exactamente eso lo que ordenaban. Es decir, existía la seguridad jurídica de que, de una forma o de otra, quien fuera judío o disidente caería en alguna condena de tipo legal y pasaría al cadalso más tarde o más temprano, porque era jurídicamente aceptado que así fuera. Los nazis tenían leyes seguras, seguramente racistas y los judíos podían estar seguros, -seguros jurídicamente- que existían tales leyes racistas diseñadas en su contra y para su persecución. También podían estar seguros que los jerarcas del régimen harían cumplir tales leyes. Luego, no puede decirse en rigor, que no había seguridad jurídica en la Alemania nazi.

Los comunistas -de su lado- tenían también sus seguras leyes anti burguesas y los que fueran tildados o etiquetados de burgueses también estaban seguros jurídicamente que terminarían sus días confinados en algún campo de concentración de la lejana Siberia o en el Gulag. En consecuencia, también había seguridad jurídica en la URSS.  Todos estaban seguros que quien no obedecía al tirano estaba jurídicamente condenado de antemano y legalmente seguro de ello. Nadie tenía la menor duda de que ello iba a ser así: jurídicamente.

También en las dictaduras la comunidad puede estar segura que las decisiones del dictador -o de sus instituciones dictatoriales- serán irrevocables y definitivas. Nuevamente, existirá una seguridad jurídica de ello en todos.

Lo propio cabe decir del reiterativo argumento de la "bondad"  de las instituciones como único medio o mecanismo exclusivo para evitar la tiranía. En el mejor de los casos, esto implica un análisis incompleto del tema, porque -nuevamente-, vuelve a dejar sin definir a qué clase de instituciones se refiere, habida cuenta que casi todas las dictaduras y tirarías de la que da cuenta la historia tuvieron sus instituciones, muchas veces con nombres diferentes, como -por ejemplo- Politburó, Soviet Supremo, etc.  en el caso soviético; Reichstag en la Alemania nazi, y -como ya dejamos explicado- todos tuvieron sus tribunales, que en muchos casos funcionaron y funcionan en las dictaduras actuales como verdaderos consejos de guerra. Las agencias o policías secretas también desempeñan un importante papel como típicas instituciones de espionaje, vigilancia y persecución política. Baste recordar las famosas KGB soviética, o las SS, las SA y la Gestapo nazis.  No puede dudarse de su carácter institucional, ya que de dicho modo funcionaron en los citados regímenes. Por ello, hablar sin más y decir al vuelo que para que una sociedad se consolide y progrese económica y políticamente lo único que necesita son instituciones sólidas y seguridad jurídica, es decir algo hueco, carente de contenido, por incompleto.

Ergo, no es necesidad o seguridad jurídica lo que necesitamos, sino fijarnos -detenidamente- cuál es el contenido de las leyes que nos rigen, porque nuestra legislación marxi-fascista nos da la seguridad jurídica de que seremos ajusticiados de una u otra manera, leve o gravemente, lenta o rápidamente, según lo gradúe nuestra ley, pero de forma segura, es decir, segura jurídicamente. No necesitamos seguridad jurídica, necesitamos un régimen liberal que respete la vida, la propiedad privada y la libertad. Es esto último lo que tenemos que asegurar jurídicamente; no necesitamos cualquier tipo de seguridad jurídica al voleo, sino que lo que necesitamos con gran urgencia es una seguridad jurídica liberal, no nuestra actual seguridad jurídica marxi-nazi-fascista.

Lo importante es el contenido de las instituciones y qué tipo de seguridad jurídica nos brindarán, si liberal o totalitaria. Esta es la verdadera y única cuestión en este tema. Si respondemos que necesitamos una seguridad jurídica e instituciones liberales estamos diciendo que lo que pedimos con ello es libertad, respeto y protección de la propiedad privada, empezando por la de nuestra propia vida. Si en cambio preferimos una seguridad jurídica de tipo totalitario, significará que nos estamos volcando por los valores contrarios a los anteriores. La opción la ejerce cada sociedad y así ha sido históricamente, dado los casos que rápidamente hemos reseñado.