20090514

Argentina

Argentina y sus síntomas de tiranía

 

Por Gabriel Boragina ©

 

Se avecina un nuevo simulacro de elecciones en Argentina y resulta otra buena oportunidad para que ensayemos algunas reflexiones sobre la tristísima situación que atraviesa este país del cono sur.

En medio de una espectacular crisis económica, social, moral, política, cultural, educativa, e –incluso- anímica de todo orden como pocas veces fuera visto, el clima electoral se ha vuelto instalar en el feudo, ahora controlado por el matrimonio Kirchner.

Bastante se ha escrito y dicho sobre la dictadura económica que ejercen el par de energúmenos a cargo del poder. De allí que no vamos a ahondar sobre este tema en esta oportunidad, en su lugar hay dos aspectos que quiero resaltar ahora y que tienen que ver con las elecciones que se aproximan.

El primer aspecto es el papel de la oposición política y las críticas que arrecian sobre ella desde todos los sectores, en rigor desde dos sectores bien definidos: el oficialismo por un lado y el conjunto de la ciudadanía por el otro. El otro punto es la cantidad de eufemismos que utilizan la mayoría de los analistas políticos para evitar referirse al gobierno de los Kirchner como lo que es: una dictadura. Empecemos por este último y sigamos con el primero.

Siempre creí que las cosas deben ser llamadas por su nombre, y la manía argentina de utilizar metáforas o eufemismos y circunloquios para evitar hacerlo, siempre me ha resultado altamente enfermiza. Los más "prestigiosos" analistas económicos-políticos critican duramente al gobierno Kirchner y -al hacerlo- describen todos sus actos reprochables, en muchos casos con verdadero lujo de detalles. Sin embargo pocos, muy pocos, son los que se animan a llamar al gobierno Kirchner una tiranía, o una dictadura. Y creo que estas elecciones que se aproximan son una muy buena oportunidad para volver a demostrar que, además de la dictadura económica que los Kirchner ejercen, también son unos perfectos dictadores políticos. En suma, todos los indicadores dan a la "Argentina Kirchner" como una dictadura. Vemos uno de ellos.

Como dijimos, arrecian las críticas de esos dos sectores oficialismo y ciudadanía, contra la oposición política, a saber: el resto de los partidos políticos, y cuadros que integran (alianzas, etc., infaltables en toda víspera de elección y que suelen diluirse después de ella tan rápido como logran constituirse). Vale la pena aclarar que en este punto, oficialismo y ciudadanía no están "unidos" por el "amor" sino por el espanto. Un espanto que es tanto reciproco de uno hacia otra como de ambos hacia la oposición.

Se dice que la oposición es "débil", que esta "desarticulada, separada, confrontada entre sí" y es "inoperante" (entre otros calificativos análogos). Y yo coincido con todos estos adjetivos que se le endilgan hasta este punto. Luego, el resto de los analistas se pierden en "patrióticas" arengas para que esa oposición se una, converja en algún tipo de alianza, para enfrentar la pretensión de poder omnímodo de los Kirchner. En este lugar el análisis pierde la objetividad de los hechos descriptos e ingresa en la típica ingenuidad que en mis otros trabajos he tildado con el nombre de infantilismo. Pero veamos las causas posibles de esta verdadera inoperancia política de la oposición partidaria.

Creo que puede haber dos grandes motivos: el primero, llamado a) la oposición política es inoperante en su rol de oposición porque está en secreta complicidad con el oficialismo, o el segundo motivo, llamado b) podría ser que su neutralización deviene del hecho que está impedida políticamente de actuar por el oficialismo, a través de diferentes tipos de medios que no son claros y que mediante diferentes mecanismos evitan de hacerse públicos. Ahora bien, ya sea por la razón "A" (turbia complicidad con el gobierno) o por la razón "B" (neutralización espuria y clandestina del gobierno que paraliza su actuar) llegamos por ambas vías al mismo destino: vivimos en una tiranía.

Si se me pregunta a mi cual de los dos motivos creo que han eclipsado la oposición política argentina, me vuelco -casi sin dudarlo- al primero, al llamado (a). Es cierto que hay que considerar una tercer opción, por la cual se esté dando el caso de un contar con una oposición cuya pobreza intelectual y operativa (aunque no económica, claro está) sea tan grande que deje todos los espacios abiertos a que cualquier imbécil se haga del poder y lo detente, hasta que la situación se revierta. Este bien podría ser un escenario actual posible en Argentina. Pero a la vez, este tercer factor es combinable con los dos anteriores (a y b) con lo que –por supuesto- la situación en el país en cuestión no podría ser peor que peor.

Pero el punto de este análisis es que sean uno, dos o tres los motivos, o más de tres, el resultado es siempre el mismo, todo da como producto final una dictadura o tiranía, nada que ver con ninguna clase de "democracia", excepto que -como explico en mi libro La democracia-, se admita que la democracia es -o puede llegar a ser- una forma de dictadura, si este fuera el caso, el ejemplo de Argentina es paradigmático.

Los países con partidos únicos o lideres únicos o -en el caso argentino- con un único matrimonio gobernante, son por definición, aquí ahora y siempre, dictaduras. Es por ello que cuando los periodistas gustan referirse a la "última dictadura" sin más (en alusión a los militares) deberían aclarar –además- que no se están refiriendo al gobierno de los Kirchner. Caso contrario, la referencia periodística llamará a confusión a los entendidos, o a las personas que aun tienen dos dedos de frente y algunas nociones de derecho cívico de colegio.

Las dictaduras como la de Kirchner en Argentina son las más difíciles de combatir, cuando quienes las ejercen no dudan ni cesan de mentirle al pueblo, sabiendo que buena parte del pueblo creerá las mentiras y otra parte -sabiendo perfectamente que se le miente- simplemente se encogerá de hombros y su máxima expresión de protesta será algún insulto fuerte contra el gobierno dicho entre dientes o en susurro (cuestión de no levantar mucha atención en derredor) y nada mas pasará de allí.

 

Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros: La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo , etc.

 

 

20090328

Seguridad jurídica

¿Qué es la seguridad jurídica?

 

Por Gabriel Boragina ©

 

Se apela demasiado seguido a la necesidad de seguridad jurídica, sin que se medite a fondo, me parece, sobre el verdadero significado de esta expresión. La seguridad jurídica no es un valor por sí mismo, o sea, no es un valor per se. ¿Por qué digo esto? Porque hablar de seguridad jurídica es afirmar algo al vuelo, sin darle un contenido concreto, o -mejor dicho- presuponiendo un contenido que -en realidad- no posee.  Veamos algunos ejemplos de lo que quiero decir: la Alemania nazi, la Italia fascista, la Rusia soviética, la China maoísta no carecían de leyes. Tenían todas ellas sus constituciones políticas, sus códigos civiles, penales y comerciales, es decir, estas dictaduras tenían un ordenamiento jurídico. ¿Qué había de malo en ellos? ¿No existía seguridad jurídica? Claro que sí. Existía la seguridad jurídica de que quien incumplía con la ley sería de inmediato confinado a un campo de concentración o a trabajos forzados, o a un paredón de fusilamiento, previa rigurosa sesión de torturas varias ¿por qué? Porque esas constituciones, códigos y leyes eran exactamente eso lo que ordenaban. Es decir, existía la seguridad jurídica de que, de una forma o de otra, quien fuera judío o disidente caería en alguna condena de tipo legal y pasaría al cadalso más tarde o más temprano, porque era jurídicamente aceptado que así fuera. Los nazis tenían leyes seguras, seguramente racistas y los judíos podían estar seguros, -seguros jurídicamente- que existían tales leyes racistas diseñadas en su contra y para su persecución. También podían estar seguros que los jerarcas del régimen harían cumplir tales leyes. Luego, no puede decirse en rigor, que no había seguridad jurídica en la Alemania nazi.

Los comunistas -de su lado- tenían también sus seguras leyes anti burguesas y los que fueran tildados o etiquetados de burgueses también estaban seguros jurídicamente que terminarían sus días confinados en algún campo de concentración de la lejana Siberia o en el Gulag. En consecuencia, también había seguridad jurídica en la URSS.  Todos estaban seguros que quien no obedecía al tirano estaba jurídicamente condenado de antemano y legalmente seguro de ello. Nadie tenía la menor duda de que ello iba a ser así: jurídicamente.

También en las dictaduras la comunidad puede estar segura que las decisiones del dictador -o de sus instituciones dictatoriales- serán irrevocables y definitivas. Nuevamente, existirá una seguridad jurídica de ello en todos.

Lo propio cabe decir del reiterativo argumento de la "bondad"  de las instituciones como único medio o mecanismo exclusivo para evitar la tiranía. En el mejor de los casos, esto implica un análisis incompleto del tema, porque -nuevamente-, vuelve a dejar sin definir a qué clase de instituciones se refiere, habida cuenta que casi todas las dictaduras y tirarías de la que da cuenta la historia tuvieron sus instituciones, muchas veces con nombres diferentes, como -por ejemplo- Politburó, Soviet Supremo, etc.  en el caso soviético; Reichstag en la Alemania nazi, y -como ya dejamos explicado- todos tuvieron sus tribunales, que en muchos casos funcionaron y funcionan en las dictaduras actuales como verdaderos consejos de guerra. Las agencias o policías secretas también desempeñan un importante papel como típicas instituciones de espionaje, vigilancia y persecución política. Baste recordar las famosas KGB soviética, o las SS, las SA y la Gestapo nazis.  No puede dudarse de su carácter institucional, ya que de dicho modo funcionaron en los citados regímenes. Por ello, hablar sin más y decir al vuelo que para que una sociedad se consolide y progrese económica y políticamente lo único que necesita son instituciones sólidas y seguridad jurídica, es decir algo hueco, carente de contenido, por incompleto.

Ergo, no es necesidad o seguridad jurídica lo que necesitamos, sino fijarnos -detenidamente- cuál es el contenido de las leyes que nos rigen, porque nuestra legislación marxi-fascista nos da la seguridad jurídica de que seremos ajusticiados de una u otra manera, leve o gravemente, lenta o rápidamente, según lo gradúe nuestra ley, pero de forma segura, es decir, segura jurídicamente. No necesitamos seguridad jurídica, necesitamos un régimen liberal que respete la vida, la propiedad privada y la libertad. Es esto último lo que tenemos que asegurar jurídicamente; no necesitamos cualquier tipo de seguridad jurídica al voleo, sino que lo que necesitamos con gran urgencia es una seguridad jurídica liberal, no nuestra actual seguridad jurídica marxi-nazi-fascista.

Lo importante es el contenido de las instituciones y qué tipo de seguridad jurídica nos brindarán, si liberal o totalitaria. Esta es la verdadera y única cuestión en este tema. Si respondemos que necesitamos una seguridad jurídica e instituciones liberales estamos diciendo que lo que pedimos con ello es libertad, respeto y protección de la propiedad privada, empezando por la de nuestra propia vida. Si en cambio preferimos una seguridad jurídica de tipo totalitario, significará que nos estamos volcando por los valores contrarios a los anteriores. La opción la ejerce cada sociedad y así ha sido históricamente, dado los casos que rápidamente hemos reseñado.

 

20090324

Democracia

¿Qué es la democracia?

Por Gabriel Boragina ©

 

La democracia es un sistema ideal con todo lo que esta afirmación implica y con peculiar énfasis en la última palabra "ideal". Como ideal, muy pocas veces en la historia pudo ser realizada y ello -además- en muy pocos y focalizados lugares del mundo. Durante la mayor parte de la historia y en la mayor parte de los países del planeta, la democracia fue y es una utopía (sobre el "será", obviamente nada podemos anticipar). Hoy por hoy, resulta sumamente complicado y casi imposible encontrar democracias plenas en el mundo.

Lo mejor que se puede decir de la democracia lo ha dicho -a nuestro juicio- el profesor Ludwig von Mises, cuando la caracterizó -palabras más, palabras  menos-  como un buen sistema de elección de gobiernos. Nosotros compartimos, claro está, esa definición de Ludwig von Mises, que –nos parece- marca muy bien la diferencia entre un sistema de gobierno (lo que la democracia no es) y un sistema de elección de gobiernos (lo que la democracia sí, es). La confusión reinante entre un sistema de gobierno y un sistema para elegir gobiernos, o mejor dicho, la fusión de ambos en el concepto de "democracia", sirven de poco o –mas claramente expresado- no sirve de nada, excepto por el daño que ha causado en la historia del mundo.   

La democracia no es un sistema de gobierno –en nuestra opinión-- pero como sistema de elección de gobiernos es el menos violento como también ha enseñado el mismo profesor Ludwig von Mises. Un sistema de gobierno es –por ejemplo- la república, caracterizada por sus rasgos típicos, tales como la división de poderes en ramas o departamentos (tradicionalmente legislativo, ejecutivo y judicial); otro es -por ejemplo- la monarquía, que puede, a su vez, ser absoluta o limitada (esta última llamada -con alguna imprecisión- "constitucional")

Es decir, como vemos, diferentes sistemas de gobierno pueden convivir o emplear -mejor dicho- a la democracia, entendida en un sentido misiano: la democracia como medio para un fin: el pacifico traspaso de poder (o del gobierno)  de unas manos a otras.  Este sería el contenido del sistema democrático y en él se agotaría. Porque la historia nos enseña que se puede elegir democráticamente una tiranía ya sea de uno o de muchos, aunque sean más famosos los casos históricos de tiranías de uno (por ejemplo, Hitler, Perón, Chávez, etc...) son frecuentes también los casos de tiranías de masas ; menos famosos por no existir una cabeza notable, ni visible con el cual identificarlas y mucho más peligrosas, porque la tiranía -en las masas- se diluye entre la multitud amorfa. La noción, pues, que en una democracia gobiernan-o deben gobernar- las mayorías, es altamente peligrosa, porque el gobierno de las mayorías es tiranía, por cuanto significa que las minorías han de obedecer los dictados y designios de la mayoría, cualesquiera que estos fueren, ya que una noción de este tipo, implica que también la mayoría podría decidir qué es un derecho y que no lo es, y esto si es así, sin duda dará lugar a injusticias y sobran casos en la historia de esto último. Dado que las mayorías pueden cambiar, por ejemplo, unas mayorías por otras de contenido diverso, cambiaría de sentido la injusticia, y si las minorías (antes sojuzgadas por una mayoría), en un segundo momento se llegan a transformar en mayorías, la injusticia cambiaría de sentido y se daría mediante la revancha o la ley del talión. Esto sería una verdadera lucha de clases, donde las clases serían dos, a saber : la mayoría y la minoría, con la peculiaridad de que estas clases podrían mutar una en la otra, lo que implicaría cambiar de manos la decisión sobre lo que "es" o "no es justo". Resulta claro que la justicia no puede quedar sujeta al capricho de mayorías o minorías circunstanciales, porque nadie en absoluto -en semejante sistema- tendría garantizado que sería justo o injusto siempre. Sin embargo, este no es el único problema con la democracia cuando se la mal entiende como sistema de gobierno y cuando se la peor entiende como gobierno de las mayorías, donde estas pueden hacer -prácticamente- lo que se les da la gana por el solo hecho de tener un circunstancial número de sufragios mayoritarios.

 

Fragmento del libro del autor, La democracia

El libro puede adquirirse haciendo clic aquí

 

20090301

Chávez y los Kirchner

Por Gabriel Boragina ©

 

En este artículo analizaremos las razones por las cuales –a nuestro humilde saber y entender- los Kirchner no han hecho más daño que el que hasta el momento hicieron. Se trata de que su incapacidad, ignorancia y torpeza son tan grandes, que son incapaces de aspirar a una dictadura plena, razón por la cual admiran tanto al déspota venezolano Hugo Chávez, que -en dicho sentido- despliega una capacidad de daño mucho mayor y tiene un proyecto hegemónico que -paulatinamente- lleva a cabo con una fría y bien calculada determinación.

Tal como Chávez, los Kirchner quisieran quedarse en el gobierno argentino para siempre. Para la energúmena pareja, el dictador venezolano es un modelo y ejemplo a seguir en dicho sentido, de allí la admiración y amistad que le profesan, además de los buenos negocios y la ayuda financiera que -hasta no hace mucho- Chávez brindó a los Kirchner, entre los cuales, el caso más sonado mediáticamente –y ya casi olvidado, por no decir olvidado del todo- fue el famoso de la valija "voladora" de los dólares de Guido Antonini Wilson.

Sin embargo, existen diferencias notables entre los Kirchner y Chávez. Entre ellas sobresalen tres:

 

1º.               Chávez ha consolidado su poder fortaleciendo y dominando por completo las fuerzas armadas de su país, las que le responden –al momento- de manera férrea.

2º.               El ansia de poder absoluto de Chávez va unido a una correspondiente capacidad y voluntad para hacerse de todos los resortes del mismo existente en Venezuela.

3º.               Chávez tiene un plan totalitario y hegemónico en mente que ha programado y que viene cumpliendo con un éxito que cualquier dictador, que se precie de tal, envidiaría.

 

El contraste es evidente, el matrimonio Kirchner carece de estos tres factores determinantes, que -no obstante- envidiarían poseer. Nótese que en el punto 1º señalado antes, han hecho precisamente todo lo contrario a lo que realizara Chávez en Venezuela. Mientras este cooptó y captó a sus fuerzas armadas, los Kirchner en la Argentina hicieron todo lo contrario, fruto del resentimiento Kirchner contra lo militar, por haber pertenecido ambos ideológicamente a la facción terrorista Montoneros, que fuera combatida por las fuerzas armadas argentinas en su hora.

 En otros términos, si bien los Kirchner anhelan ejercer un despotismo similar al que Chávez está desplegando a sus anchas en la desgraciada y querida Venezuela, aquellos carecen de los atributos necesarios y básicos para convertirse en dictadores al estilo del tirano venezolano. Esta es -en el fondo- la diferencia entre unos y el otro. Y es -en suma- lo que ha impedido que, hasta el presente, los Kirchner hayan podido hacer más daño en la Argentina que el que llevan hecho. Sencillamente, son demasiado torpes, inhábiles e ignorantes como para lograrlo.

 A pesar de estas diferencias, hay dos elementos en común (además de su amistad, negocios y admiración) entre Chávez y los Kirchner, ambos carecen de una oposición política y partidaria firme, fuerte, consistente y desafiante. Pero en este punto, la habilidad devastadora de Chávez también superó la de los Kirchner. El venezolano se las bastó por si solo para reducir a su oposición política "a polvo". La pareja gobernante argentina hizo lo suyo en este sentido, pero –además- contó con la inestimable colaboración de los mismos partidos y políticos opositores, que se neutralizaron a sí mismos hasta su mas mínima expresión. Algunos colegas venezolanos me comentan que esto también se ha dado en su país, sin embargo, no creo –personalmente- que lo haya sido con el grado de profundidad que se presentó en la Argentina.

Sin embargo, a pesar de las diferencias y similitudes apuntadas -que de ningún modo son todas las existentes- los efectos de ambos gobiernos pueden ser igual de ruinosos; unos tiranos torpes (los Kirchner, por ejemplo) pueden hacer tanto daño o más que otro tirano diestro (Chávez)[1]. La diferencia consiste en que el tirano torpe hace mal creyendo hacer el bien, en tanto que el dictador diestro[2] sabe perfectamente que es lo que está haciendo, por qué lo hace y para qué lo hace, esta me parece otra diferencia importante entre Chávez y los Kirchner, diferencia de forma, de métodos y de estilo que, como dejo señalado, puede -de todos modos-, tener idénticos fines nefastos.

La verdadera "habilidad" demostrada por los Kirchner no ha sido política -por cierto- sino económica a nivel personal, mas definidamente financiera; en efecto, no se registran antecedentes de gobernantes argentinos que se hayan enriquecido personalmente en forma tan desmesurada, gigantesca y acelerada como el par de consortes patagónicos. Entre tanto Chávez parece convencido que la base de su poder se encuentra en dos pilares: la renta petrolera y el control absoluto de las fuerzas armadas, los Kirchner han demostrado estar persuadidos que con solo obtener todo el dinero que les sea posible, de donde les sea posible, y siempre que les sea posible, tienen el poder "asegurado de por vida". Este es otro punto que marca la diferencia entre el poder absoluto de Chávez y el de los Kirchner, o mejor dicho, el que los Kirchner aspiran a obtener. También en este aspecto, el proyecto totalitario del venezolano es más sólido que el de la parejita argentina.

La dictadura chavista tiene más posibilidades de consolidación que la kirchnerista, debido, a mi modo de ver, a los factores que he señalado, de manera muy rápida y resumida. Claro que –insisto- esto de ningún modo implica minimizar ni subestimar, ni por un instante los efectos catastróficos que ambos regímenes, con claras orientaciones y aspiraciones totalitarias, uno y otro, el venezolano más ambicioso y avanzado en dicho sentido que el del par de argentinos sureños, tuvieron y tienen sobre sus sufridos pueblos.

 

Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros: La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo , etc.



[1] Cuando digo diestro me refiero a la destreza para consolidar su tiranía. Algo así como una especial habilidad para el mal.

[2] Con la frase ddictador diestro me refiero a alguien hábil para ejercer una dictadura. Ver nota anterior.

20090125

Argentina de los Kirchner

El estado delictivo
Por Gabriel Boragina ©

El diccionario de la Real Academia Española nos da 18 acepciones del término "estado", de las cuales -a los fines de esta exposición- tomaremos solamente tres (la 5º, 6º y 7º) que son las que copiamos seguidamente:

estado. (Del lat. status).
5. m. País soberano, reconocido como tal en el orden internacional, asentado en un territorio determinado y dotado de órganos de gobierno propios.
6. m. Forma de organización política, dotada de poder soberano e independiente, que integra la población de un territorio.
7. m. Conjunto de los poderes y órganos de gobierno de un país soberano.
(Real Academia Española. Artículo enmendado. Avance de la vigésima tercera edición)

Como se advierte, la ambigüedad del término "estado" es bastante grande. Según ella el estado puede ser un país que reúna determinados requisitos (acepción nº cinco); una forma de organización política, que sin ser necesariamente un país cuente con los elementos de poder soberano e independiente y se integre en una población, y por último, el conjunto de los poderes y órganos de gobierno de un país soberano. Con todo, la que más se aproxima a la que queremos someter ahora a examen es la acepción nº 7.
Ahora bien, el diccionario nos informa sobre lo que un estado es, pero nada nos dice acerca de cómo puede ser ese estado, es decir, nos da los elementos de la constitución de un estado pero no nos da ninguna pista acerca de las diferentes formas o modalidades que puede adoptar un estado. Para poder esclarecer esta cuestión deberemos recurrir a otros conceptos y términos propios de las ciencias políticas y jurídicas.
Las antiguas clasificaciones que se remontan a tiempos platónicos y aristotélicos (monarquía, aristocracia, democracia, república, etc.) lucen ya insuficientes ante la frondosa creatividad de los líderes políticos a través de los tiempos y de la historia que han organizado toda suerte de combinaciones posibles entre aquellos primeros sistemas llamados puros. La historia da cuenta de las más sangrientas tiranías que se han vestido del inocente y pulcro ropaje de la democracia ; regímenes opresivos y despóticos como el soviético hacían llamar a sus países "repúblicas" (Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, o la Alemania comunista de postguerra que rotuló su territorio con el pomposo título de República Democrática Alemana), cuando nada tenían ni de repúblicas ni de democráticas, son apenas dos de los ejemplos más notables de la confusión popular por un lado, y el cinismo de sus gobernantes de turno, por el otro. La misma Alemania nazi fue una democracia formal (al menos) ya que Adolf Hitler había surgido del voto popular y mayoritario.
Más acá en el tiempo, Sudamérica copió -en menor escala- los viciosos modelos políticos europeos que hemos detallado -brevemente- en el párrafo precedente. En Argentina–por ejemplo- las dos primeras presidencias del General Juan D. Perón fueron también democracias formales como la de Hitler, pero -en su ejercicio- se revelaron como dictaduras, si bien es necesario aclarar que J. D. Perón no copió el estilo de gobierno de Hitler, pero si el del dictador fascista B. Mussolini a quien admiraba, luego de haber vivido un tiempo en la Italia del Duce, como destino militar.
A partir de 1944 se comenzó a utilizar un nuevo término, con el cual se califica estas formas de gobierno atendiendo a las personas que los ejercen, de este modo aparece el vocablo kakistocracia.
En el “Dictionary of Sociology”, primera edición en inglés año 1944, registrada en New York, N.Y., U.S.A. por Philosophical Library, Inc., se incorpora la definición del término “Kakistocracia” por Frederick M. Lumley, que reza así:

“Gobierno de los peores; estado de degeneración de las relaciones humanas en que la organización gubernativa está controlada y dirigida por gobernantes que ofrecen toda la gama, desde ignorantes y matones electoreros hasta bandas y camarillas sagaces, pero sin escrúpulos”.

Posteriormente, Michelangelo Bovero (profesor de la cátedra de Filosofía Política de la Universidad de Turín) amplió la definición de Lumley. Según Bovero, la kakistocracia es: "La combinación de la tiranía, la oligarquía y la demagogia: el pésimo gobierno, la república de los peores".
(Véase al respecto: http://www.prensalibre.com/pl/2007/octubre/17/185242.html
http://elciudadanoargentino.blogspot.com/2007/03/kakistocracia-el-gobierno-de-los-peores.html)
En tanto la kakistocracia alude a la condición de quienes gobiernan, la ciencia política tuvo que acuñar otros términos para referirse al modo en que se gobierna. En lo que en este momento nos interesa prestaremos atención a la cleptocracia, la que se define habitualmente de esta manera:

CLEPTOCRACIA
Explotación sistemática de las oportunidades de enriquecimiento personal ejercida por el gobierno, que sólo tiene por límites el amiguismo y el gangsterismo. Un transgresor de la norma no escrita de corrupción es el funcionario honesto. Literalmente, es el gobierno en manos de ladrones.
Diccionario Instructivo de Ciencias Sociales: Monografías y Bibliografía relacionadas de Derecho, Economía, Política, Filosofía, Sociología, Ecología
http://www.dicciobibliografia.com/Diccionario/Definition.asp?Word=CLEPTOCRACIA

Se advierte de inmediato -cotejando todas las definiciones transcriptas- que si el gobierno está compuesto por kakistócratas es muy probable que estos gobiernen cleptocráticamente, y a la luz de los hechos históricos, estamos en condiciones de decir que, más que probable es harto frecuente; un buen ejemplo -en la Argentina- es el caso del co-gobierno del matrimonio Kirchner. Los gobiernos anteriores a los Kirchner no han sido óptimos y -en la mayoría de los casos- ni siquiera buenos, en el mejor de los casos ninguno, durante la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI, pudo superar la marca de mediocres. Económicamente –salvo quizás una sola y tibia excepción- han demostrado supina ignorancia en materia económica, lo que sumado a torpezas inherentes a tales desconocimientos, promovieron el despilfarro y la pobreza en el país. El caso de los Kirchner es posiblemente el primero en la historia de la Argentina en que ha quedo patente su notoria incompetencia en el manejo del poder, su incultura, su inmoralidad, su desprecio a las leyes, a los derechos, a los individuos, etc. Todo ello hace que -sin duda- tales características personales y el estilo de gobierno que derivan en su consecuencia, le hagan acreedores a su régimen del rótulo de kakistocracia en el sentido que el profesor Michelangelo Bovero le da.
Y lo que sobresale de los kakistócratas Kirchner es el modo de ejercer esta kakistocracia, de manera cleptocrática. Pruebas al canto, los hechos son notorios en tal sentido; pocas veces el país alcanzó los niveles de pobreza que consiguió bajo ellos, y no obstante, en medio de severas crisis económicas debidas a su posible maldad o incompetencia en tales materias, no trepidaron de aprovechar cualquier oportunidad que se les presentase para expoliar a la población. A este fin, recurrieron a todos los medios que el poder puso a su alcance, creando impuestos, acelerando la inflación, promoviendo devaluaciones, y –quizás lo más grave- confiscaciones. Algunos de estos hechos fueron palmarios y adquirieron repercusión pública, tal como el caso del intento de aumento de las retenciones al campo y la confiscación de los fondos jubilatorios contra los depositantes en las compañías privadas de previsión social. Todo ello, al tiempo que -en forma acelerada- acrecían ilimitadamente sus fortunas personales y las de sus gánsteres amigos (encuadrando plenamente en la definición de cleptocracia copiada arriba).

Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros: La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo , etc.

20090117

Argentina

La situación general actual

 

Por Gabriel Boragina ©

 

Argentina continua deslizándose en el tobogán de la podredumbre política, tal como se dice del movimiento de la estrella, sin prisa pero sin pausa. No creo en crisis irreversibles (en realidad no creo en nada irreversible) sin embargo, dada la constancia en la debacle de la dirigencia política y de las ideas políticas del pueblo que ha creado y sostiene a dicha dirigencia, muchas veces parece ser que la persistencia en lo que ya asemeja ser una vocación de decadencia, no tuviera final visible.

Opinar sobre Argentina da pena, observar a un país que otrora fuera tan rico (fines del siglo XIX y principios del siglo XX) como se ha ido degradando en calidad humana, moral y política, y -naturalmente- como consecuencia de todo ello, en lo económico y social, no puede mover mas que a la amargura y la compasión, y en el caso de los argentinos, de la autocompasión.

Presa los argentinos de un colectivismo que confunden con lo que ellos llaman su contrario, "individualismo", (mal entendido gruesísimo) en tanto no se fuguen de esta trampa, de esta alucinación y enorme equivocación de enfoque que tienen, los argentinos no tienen salida. Pero han de romper con muchas de sus más caras tradiciones, si, porque no forma parte de las tradiciones argentinas el individualismo que reprochan a los demás argentinos (como sí el que se queja de los otros "individualistas" fuera él mismo la "excepción") sino su contrario, el caciquismo, el caudillismo, el clasismo, y por sobre todo, su infantil-paternalismo (modo abreviado de referirme al infantilismo paternalista del que ya he hablado muchas veces antes de ahora y en muchas partes diferentes).

Es la inmadurez del argentino adulto promedio lo que lo lleva de un extremo al otro, del infantilismo al paternalismo y de este directo hacia el autoritarismo, sin término medio, sin medias tintas. Adicto a enamorarse de sus propias fantasías y delirios, el argentino promedio se cree "democrático", cuando -ya sea de izquierda o de derecha- es, en promedio, no mas que un fascista mediocre, que ni siquiera puede saber qué es en realidad el fascismo, del que tanto habla, tanto condena, sin saber que es eso, y sin tener conciencia que el primer fascista del cono sur es él mismo, ese argentino promedio.

Por lo pronto, en su abrumadora ignorancia y prepotencia, el siempre predispuesto a interpretar mal todo lo que se le dice, el argentino promedio, impone el sambenito de "fascista" a todo aquel que no esté de acuerdo con alguno de sus puntos de vista. A quien lo esté, le llamará democrático. El absurdo es evidente porque una persona democrática no es aquella que está de acuerdo con otra, sino que es aquélla persona que puede exponer su disidencia en libertad y aceptar a su vez puntos de vista opuestos al suyo. Como se ve, el argentino es propenso de dar vuelta todo y entender todo al revés, siempre y cuando ese revés, le favorezca primero a él en todo o en parte.

Y luego, claro está, están los otros argentinos, los tipos derechos y de derecho, los de alta moral, los responsables, los que poseen y defienden -donde pueden y como pueden- los valores republicanos, auténticamente democráticos, los verdaderos patriotas, que no se notan, no se ven, porque son una muy reducida y escasa minoría, casi podría decirse, una suerte de especie en extinción. Estos auténticos hombres y mujeres íntegros –que los hay y muchos- no cuentan en la praxis política, no llegan y cuando trabajosamente llegan, con mucha lucha y esfuerzo, son literalmente "barridos" por los otros, por los dominantes, por los aparatos partidarios, sindicales y los burocráticos que los terminan aplastando como a hormigas. Existen esos argentinos de bien, de íntegra y alta moral, que valoran una buena educación y una elevada cultura, que buscan involucrarse en los asuntos públicos y que sufren por su país, pero son tan pocos (aun siendo muchos) que sus esfuerzos no solamente son vanos, sino que hasta incluso, corren riesgos personales por querer difundir las doctrinas sanas de los valores de bien que son los que imperiosamente necesita el país para salir del pozo en donde día a día, en manos de la actual clase política, no hace mas que hundirse cada vez a mayor velocidad.

 

El panorama argentino no puede ser más grotesco al momento de redactar estas líneas. A pesar de tener una Constitución que consagra la forma representativa republicana y federal como forma de gobierno, ello solo sucedió muy brevemente durante un periodo posterior a la sanción de la carta magna lo cual -téngase en cuenta- aconteció allá por el año 1853.

Desde entonces, y al margen de cualquier cláusula constitucional, la Argentina vino teniendo formas de gobiernos que oscilaron entre la dictadura, la oligarquía, y -marcadamente a partir de 1945 hasta la fecha- la KAKISTOCRACIA (gobierno de los peores) (1) con breves interregnos hasta llegar a lo que algunos llaman DIARQUÍA, definida por el diccionario de la Real Academia Española como:

f. Gobierno simultáneo de dos reyes.

f. Autoridad dividida y ejercida simultáneamente entre dos personas, dos instituciones o dos poderes.

Con ello se alude al matrimonio kirchner que se alterna en el mando político y en el cual, al gobierno del marido le sucede el gobierno de su mujer.

Si bien esta forma de gobierno es claramente de corte nepotista y monárquico, no creo que cumpla con la definición de diarquía, habida cuenta que no son marido y mujer quienes ejercen simultáneamente la autoridad, sino que resulta claramente ser el esposo quien lo hace, a pesar de que la esposa pose frente a las cámaras y que preste consentimiento formal a los actos de gobierno, que en las sombras, ejecuta su marido. De modo que aun así y todo, hay un solo poder, que en lo formal, simula ser ejercido por la mujer, y en lo informal, su verdadero ejecutor es su marido. Por ello, la figura política argentina de gobierno, se asemeja mas al nepotismo que a la diarquía, aunque es innegable que tiene toda la apariencia de una verdadera diarquía.

El país se maneja por parte del matrimonio como si fuera un auténtico y enorme bien ganancial, lo que incluye la administración de los bienes gananciales por parte del esposo, aun cuando la titularidad del bien (la ex república Argentina) se encuentra a nombre de la esposa, por revestir esta (al menos formalmente) el cargo de presidente de la república.

Cómo puede darse este escenario grotesco en un país que -en algún momento- fue respetuoso de sus instituciones –o al menos, intentó serlo- ha merecido de nuestra parte varios análisis. Mantenemos todo cuanto dijimos en ellos y que el lector que nos sigue seguramente recordará.

Ciertamente, nos encontramos frente a un proceso de monarquización del país. Los tradicionales tres poderes de la república han sido fundidos (literalmente fundidos) en uno solo: un poder ejecutivo que hace y deshace a su antojo, donde solamente se realiza la voluntad del déspota, a la sazón y en el caso que venimos analizando, del matrimonio real patagónico que se alterna en el poder. Otro signo de ello es que el matrimonio reinante (ya podemos hablar propiamente de un reino) tiene como amigo político y personal al principal y más amenazante déspota de la región (el cabecilla venezolano Chávez, que lucha por implantar una dictadura castro-comunista en su propio país) y que ha hecho grandes "avances" en la consolidación de su proyecto autoritario.

La reversión de este proceso resulta sumamente complicada, por todos los factores que hemos enunciado al comienzo, pero aun hay motivos para ser optimistas, tal como lo he explicado en mis otros trabajos, de modo tal, que la lucha y la resistencia a la opresión, sigue teniendo sentido, solo es menester que esos argentinos de bien no se desalienten y no se dejen vencer por enemigo sin presentar batalla.

Notas : (1) En el “Dictionary of Sociology”, primera edición en inglés año 1944, registrada en New York, N.Y., U.S.A. por Philosophical Library, Inc., se incorpora la definición del término “Kakistocracia” por Frederick M. Lumley, que reza más o menos así:

“Gobierno de los peores; estado de degeneración de las relaciones humanas en que la organización gubernativa está controlada y dirigida por gobernantes que ofrecen toda la gama, desde ignorantes y matones electoreros hasta bandas y camarillas sagaces, pero sin escrúpulos”.

Otras versiones como la que se puede ver en http://elciudadanoargentino.blogspot.com/2007/03/kakistocracia-el-gobierno-de-los-peores.html

dicen que fue un término acuñado por Michelangelo Bovero (profesor de la cátedra de Filosofía Política de la Universidad de Turín). Esta versión esta reforzada por lo que se dice en: http://www.prensalibre.com/pl/2007/octubre/17/185242.html

donde se lo cita a Bovero de este modo : "La combinación de la tiranía, la oligarquía y la demagogia es lo que Bovero llama “kakistocracia”: el pésimo gobierno, la república de los peores".

 

Gabriel Boragina es autor de los siguientes libros : La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo.

20081228

Agradecimiento

Quiero aprovechar esta oportunidad para agradecer las felicitaciones recibidas por los lectores de mis artículos y libros y para desearles a todos unas muy felices fiestas.
Les mando un abrazo.
Gaby